La caza se practica en Vivel desde muy antiguo. El conocimiento de personas vivas que nos informan de la historia de la caza en Vivel nos lleva, al menos, a 70 años hacia atrás. En aquel momento el número de cazadores no superaba la docena. Por poner algunos ejemplos citaremos a Sebastián Gimeno (alcalde), Fausto Mainar, Celedonio Anadón (“El Tío Pineta”), Baldomero Anadón, José Royo, José Millan (marido de la maestra), El Tío Alejandrico”, Don Ramón (secretario), etc..
También los jóvenes que desde principios de la década de los cuarenta ya apuntaban afición como “morraleros”, poniendo lazos a las perdices o los conejos, metiendo el hurón en los cados de los conejos e incluso tirando algún tiro de escopeta a escondidas. Entre muchos cabe señalar a Benjamín Gimeno acompañando a su tío Sebastián, Baldomero con su tío Celedonio, Hermenegildo y Aurelio con su padre José Royo, Juan y Miguel Mainar con su padre Fausto, Miguel Alentorn, Nicanor Gómez, Manuel Abad, Alejandro Muñoz y con los galgos a Mateo Morales, Florencio Muñoz o Santiago Pérez.
Entre ellos estaban los que cazaban por puro deporte y los que lo hacían como aporte extra a la economía doméstica en forma de alimento o en forma de dinero tras vender el producto de la caza. Los escabechados de perdiz de la Tía Pilar, en la fonda de la Estación se hacían con este tipo de caza, no solo de Vivel, también de Fuenferrada, Villanueva, etc.
Las décadas de los cuarenta y de los cincuenta fueron duras en todos los órdenes de la vida. La escasez de alimentos, tras la guerra civil, con una agricultura y una industria poco desarrolladas, con un comercio en el que escaseaba de todo, obligaban a “buscar la vida” con astucia y en el caso de la caza bordeando la ley si era necesario.
Era normal salir a cazar cualquier día, a cualquier hora, no había régimen de vedas y todos los medios eran válidos, solo había que disponer de ellos: lazos, hurón, cepos, picando las madrigueras, galgos, escopeta, etc.. No todos disponían de una escopeta, bien por imposibilidad económica o por que los permisos de armas no se concedían a aquellos que tenían antecedentes de “color” político. Bien es verdad que la astucia y la necesidad hacía posible, de alguna manera, la posesión de una escopeta “clandestina” sin papeles que salía al monte entre la manta o colgada, en dos trozos, por el interior de las perneras de los pantalones.
Con la década de los sesenta comenzó el desarrollo. En nuestra zona el campo se mecanizaba, la industria minera alcanzaba un nivel de ocupación importante, crecía el comercio y había jornales. La repercusión en la caza no tardó en notarse y la afluencia de cazadores se incrementó con los propios de Vivel, los de Armillas y con los que accedían de pueblos y regiones vecinas. El poder adquisitivo permitía acceder a mejores escopetas, buena munición y a vehículos que acercaban al cazador, con poco esfuerzo, a todos los rincones y cazaderos del témino.
En estos años había crecido el respeto (de manera voluntaria o forzosa) por la Ley de caza promulgada en 1940. Ley que prohibía la caza en los periodos de reproducción de la fauna y en los periodos de cosecha. No obstante los terrenos no estaban acotados con lo que el acceso a los mismos era libre.
La Administración del Estado, por una visión correcta de la situación producida por el desarrollo económico, por un lado, y por la necesidad de conseguir un mayor equilibrio entre los aprovechamientos cinegéticos, agrícolas, ganaderos y forestales, por otro, puso en marcha la nueva Ley de caza de 4 de abril de 1970. Esta Ley es la primera que con firmeza plantea, en su articulado, como primera finalidad:

 

“Regular la protección, conservación y fomento de la riqueza
cinegética nacional y su ordenado aprovechamiento en
armonía con los diferentes intereses afectados.”

 

La Ley referida y la propia situación de la caza en Vivel obliga, en 1974, a promover el acotado de los terrenos del municipio (públicos y privados). Aun se recuerda que la afluencia de cazadores era tal que no estaba garantizado el respeto a las cosechas y la seguridad de los agricultores y pastores en el campo.
Al frente de la promoción del acotado, que se formalizó el 4 de abril de 1974, estuvieron el Ayuntamiento con José Royo como Alcalde y Alejandro Muñoz en representación de los cazadores, éste último gran aficionado e impulsor de la caza en Vivel.